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Primer Retrato

Estaba sentada en la estación del metro y encontré una foto junto a mi banco, me supuse de inmediato que la foto ya era vieja por el estado en que esta se encontraba.  Mire a mi alrededor para verificar si era de alguien y devolverla pero no encontré ningún parecido con las personas que aparecían en la foto, aunque una de ellas era un bebe, no había nadie con esos rasgos a mi alrededor. 

patty

Me detuve un momento mientras veía la foto y mi mente comenzó a imaginar y soñar, dándole una historia aquella pequeña que se encontraba en brazos (supongo) de su padre.

Comencé poniéndole un nombre se llamaría Anastasia (esto se debe a que veo muchos cuentos de hadas), Anastasia una niña que nació en Guayaquil hace aproximadamente 24 años, hija única pero con una extensa familia llena de primos acorde a su edad.

Ella había crecido entre viajes familiares, donde sus vacaciones eran las más fabulosas, entre, la sierra revolcándose en el césped junto a los animalitos que la abuela Isabel criaba o en la arena haciendo castillos en las fabulosas playas.

Se llevaba muy bien con sus primas con quienes jugaban en la casa de la Mechita (su abuela) a los Thundercats, ella siempre le gustaba ser Cheetara, por la velocidad que ella poseía, así entre sillas y sabanas armaban las fabulosas naves para combatir a Munra el inmortal.

Iba a una escuela de monjas, donde le enseñaron desde leer hasta como compartir con los demás, a veces no se sentía aceptada en el colegio solía ser muy rebelde, ya que poseía el carácter fuerte de su mamá y siempre ponía un pero a las cosas aunque a veces le tocaba bajar la cabeza para no quedar como resabiada.  Pero gracias a esto ella se formo muy clara con sus ideas en cuanto a la sociedad y sus principios fueron sólidos.

En el amor a pesar de que todas las niñas se ilusionaban en el colegio ella decidió coger otro rumbo, estudiaba y pasaba horas de horas en el colegio con un grupo de amigas, que hasta ahora son sus mejores amigas así la vida las haya puesto en lugares diferentes. Las horas en el colegio eran interminables, entre sus amigas, las monjas, el grupo juvenil, las clases extras de computación paso su vida de colegiala. (Las mejores según la narradora).

Pero como la vida de vivir en una burbuja se acaba, le llego la hora de salir y enfrentar el mundo, tal y cual lo dijeron en su día de graduación.

Y sonó el timbre, el metro había llegado y yo partía con la foto en mi bolso……

PD:.. si se parece a la realidad es pura coincidencia.

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